¡ Feliz Navidad!
Ha finalizado el año 2008 y nos ha dejado muchas cosas buenas. Se han sobrepasado las metas propuestas y hemos logrado un gran sueño para el próximo año 2009.
Todo esto, con la Bendición de Dios y el esfuerzo constante de Directivos, Profesores, personal Administrativo y Estudiantes. Por ello, les manifiesto mi agradecimiento y les invito a que en el próximo año con nuevo y vigoroso impulso caminemos todos en busca de la conquista de un más alto y noble horizonte.
Ha llegado el tiempo Navidad, que hace cambiar los rostros y los corazones. En este hermoso ambiente, cada uno de ustedes reciba mi fraternal saludo de la Navidad. Todo lo más sincero, lo más cordial, lo más propicio que puede brotar de nuestro ser, lo suficiente, todo es para ustedes.
La Navidad no admite mediocridad de los sentimientos. Por esto les invito a que dejemos que la Navidad invada con su espíritu nuestra mente y nuestro corazón para reflejar sobre nosotros, no sólo su humilde don de afecto, sino también el inmenso e inefable misterio de luz y de gracia de la Navidad misma.
La Navidad es el encuentro, el gran encuentro, el histórico encuentro, el decisivo encuentro de Dios con la humanidad. Quien tiene fe, lo sabe muy bien y su corazón tiene que saltar de alegría.
Nos encontramos en el tiempo del Adviento y sus voces, que resuenan en nuestros oídos, nos presentan la Navidad como el cruce de dos largos y muy diversos itinerarios, que se encuentran; el misterioso itinerario de Dios, que desciende de las inaccesibles alturas de su trascendencia a nuestra historia, asumiendo nuestra realidad terrenal en la inesperada humildad de Belén y en la cándida pureza de María. Y el otro itinerario, el nuestro, tortuoso y lleno de fatiga, marcado muchas veces por el dolor, la angustia, las limitaciones, sin meta precisa de por sí, pero encaminado luego a una consoladora esperanza, superior a nuestras fuerzas humanas, la esperanza de llegar a Dios, la esperanza de descubrirlo en el hombre, la esperanza de encontrarlo, como se encuentra a un amigo que se conoce, a un hermano de la propia sangre, a un libertador que puede realizarlo todo, a un Salvador.
Al escuchar la voz del Adviento y mirando a lo lejos, se puede descubrir el poder de Dios que viene y con Él una nube de esperanza y alegría que cubre la tierra toda. Vayamos todos a su encuentro.
Cuántas cosas más podríamos decir sobre estos itinerarios históricos y espirituales, cuyas huellas nos ha descrito la Sangrada Escritura en el Antiguo Testamento; e igualmente cuántas sobre las modalidades, en que el maravilloso encuentro se realiza todavía.
Todos sabemos que aquel encuentro de Dios con la humanidad no fue un simple contacto, externo y transitorio. Fue nada menos que una unión vital, una unión estable, una unión de la naturaleza divina con la naturaleza humana, una unión sustancial, una unión por la que el Hijo Eterno de Dios hizo suya nuestra naturaleza humana concebida en el seno purísimo de la Virgen María.
Memoria de este encuentro es la Navidad, que nos trae su mensaje de paz y alegría. Si permitimos que en nuestro interior habiten la paz y la alegría de nuestro Salvador Jesucristo, habrá Navidad.
Este mensaje de paz y alegría es lo que ahora deseo para cada uno de ustedes y sus seres queridos.
¡ Feliz Navidad ! |